Cada vez que alguien arruga la nariz ante el flamenco fusionado con electrónica, nos gusta recordar una cosa: el flamenco SIEMPRE ha sido fusión. Nació del cruce de culturas — gitana, andaluza, árabe, judía, americana de ida y vuelta — y nunca ha dejado de absorber lo que suena a su alrededor.
Los tangos que vinieron de Cuba
Empecemos lejos: los cantes de ida y vuelta. Guajiras, milongas, colombianas, rumbas… palos enteros del repertorio nacieron del viaje de los ritmos entre Andalucía y América. La rumba flamenca que hoy suena en cualquier fiesta es hija de aquel intercambio. Fusión, siglo XIX.
La revolución de los setenta
Luego llegaron los que lo cambiaron todo. Camarón de la Isla grabando con sitar y batería. Paco de Lucía tocando con músicos de jazz y metiendo el cajón peruano en el flamenco — hoy nadie concibe un tablao sin cajón, y llegó ayer, como quien dice. Lole y Manuel, Pata Negra, Ketama: cada generación estiró el género y el género no se rompió.
El siglo XXI: el compás en la pista
Nuestra generación creció con el flamenco en casa y la electrónica en los cascos. Artistas de todo el mundo han demostrado que el quejío convive con los sintetizadores y que una bulería puede llenar tanto un tablao como un festival. Ahí es donde nace nuestro JondoTechno: no como ruptura, sino como el siguiente paso natural de una tradición que nunca se ha estado quieta.
El flamenco puro que defienden algunos también fue, en su día, una fusión escandalosa.
La historia se repite: primero el escándalo, luego el respeto, y al final el repertorio. Nosotras preferimos estar en la parte de la historia que se atreve.
